sábado, 5 de noviembre de 2016

There is nothing that the road cannot heal.


Viernes en la tarde, por fin finalizo una agobiante semana.
No fue una de esas donde las cosas se salen de control, sino una de esas otras donde te cuestionas...
Es esta mi manera de salvar el mundo?
Traigo celulares por montones, toneladas y toneladas cada semana, para que la gente que los compra sienta que esta haciendo algo con su vida. 
Tener el último celular que la tecnologia ofrece. Wow!
Y mientras siguen pasando los dias yo anhelo el viernes, aunque no tengo nada que celebrar en ningún bar.
Quiero la tranquilidad de mi casa, y el ronroneo y caricias de la gata prestada.
Por fin tiempo para leer, y aprender.
Pueden ser cosas inutiles para mi "campo de accion", pero me sigue pareciendo la forma mas loable de invertir el tiempo.
El sueño me alcanza, duermo sin la satisfacción del deber cumplido.
Amanece, sol, clima perfecto.
Me alisto rápido y salgo a rodar.
Voy tragando kilometros a la misma velocidad que manejo el teclado entre semana.
Siento que avanzo, siento que estoy haciendo algo con mi vida.
Qué si esta es mi manera de salvar al mundo?
No soy quien para hacerlo, me consuelo, suspiro.
Transcurren paisajes que no me detengo a fotografiar, indelebles en mi mente son mi compañía mientras vuelo entre líneas blancas y amarillas.
No estamos salvando al mundo, pero como lo recuerda Conor Oberst en el himno que me ha acompañado durante los dos últimos años... "No hay nada que la carretera no pueda curar"

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Y cómo se vive el punk a los 30?

Y dónde quedaron las infinitas tardes en qué escribíamos, y dónde aquellas en qué leíamos y leíamos blogs, y comentábamos sobre lo que leíamos y compartíamos?

Y cómo olvidé que me encantaba Die Toten Hosen?

Y cómo es que ahora ni Papá ni Umberto Eco están?

Y dónde están mi gato y mis perras?

Y dónde los amigos de vinos y cassettes?

Si aún hierve la sangre cuando escuchamos ciertos temas  para recordarnos quienes somos, disfrazados tras un escritorio...

Fingiendo ser decentes, para poder ahorrar mientras somos libres.